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viernes, 21 de agosto de 2015

PAISAJE

 

La vista le daba para identificar aún, con el vehículo en movimiento los intestinos de las montañas, algunas alumbradas por el asomo primero del sol.
Al otro lado, el mar majestuoso, tranquilo, en este amanecer, de los penúltimos del verano.
El trayecto de ida o de vuelta siempre le parecía como la primera vez, lleno de interrogantes.
Sus emociones galopaban o trascendían desde lo profundo, dándole sosiego, comprensión, alegría ante una nueva etapa, ante un nuevo día. Un estreno.
La perspectiva de lo nuevo le daba felicidad.
Le encantaban los cambios, jugar al escondite con la rutina.
Más altas o más bajas las montañas iban quedando atrás, el mar aparecía o desaparecía entre las vueltas y revueltas del vehículo.
La blancura de las primeras casas se veían ya, la pequeña ciudad daba signos de vida.

 

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