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domingo, 6 de enero de 2013

LA OVEJA DE PELUCHE QUE BALABA


María Stampa  llegó a la nueva ciudad, huyendo de una vida monótona, y de sus propias mentiras, de los "no sé que hacer" que mencionaba tanto. Su preciado equipaje, un hijo, una maleta y la creencia de que viviría de vacaciones así porque si.
Durante unos días la euforia la agasajaba, pero la realidad le pisaba los talones, se la comía a bocados.
Cuando mentía, la piel de la cara se le escamaba y sus ojos oscuros se ponían amarillos. Casi nadie se daba cuenta, sólo una  pequeña oveja blanca de peluche que dejaba de balar porque las pilas se le agotaban al compás de las mentiras de María.
Una vez mintió tanto que no pudo mirar al sol durante días y su oveja de peluche se negaba a reproducir el balido metálico aún con pilas nuevas. María continuaba mintiendo. El victimismo la amenazaba con ferocidad, -no puedo, no puedo- repetía sin cesar.
Una mañana no se levantó porque las mentiras le aplastaban el pecho de tal manera que la respiración se le volvió entrecortada, revolvía las piernas entre las sábanas , quiso gritar, la piel de la cara le crujía, las pestañas le quedaron inmóviles, pegadas cerca de las cejas, redondeando las ojeras.
Los pensamientos merodeaban por su mente, ¿A quién llamaría?, ¿Gritaría?, ¿Se arrastraría hasta el baño?. Quizás mojándose todo se solucionaría.
Mientras tanto urdía una nueva coreografía de mentiras. Poco a poco sus pestañas fueron despegándose y pudo cerrar los ojos para pensar mejor. Pondría una Asesoría para aconsejar a mentir mejor y más. Daría cursos intensivos. Se dedicaría por entero al oficio de mentir.
Cuando María Stampa se miraba en el espejo tenía dudas si su apellido sería una mentira heredada porque sus ancestros eran conocidos por motes, por el oficio que tenían o por el defecto más sobresaliente. María se preguntaba si por los defectos familiares, a  su apellido le habían suprimido la E. 
La idea de asesorar con mentiras le atraía tanto que decidió que identificaría a los clientes con la pieza musical que más les gustara y fabricar las mentiras teniendo en cuenta la letra de cada composición musical. ¡Sería todo un éxito!
María se desdoblaba cuando mentía, un sudor denso resbalaba por su piel como un orgasmo de verdad. En cuestiones íntimas  no mentía.
Quería cambiar, pero no podía, las mentiras la llevaron a envejecer con premura, los ojos se volvían amarillos con más frecuencia, la piel le crujía con más fuerza, la oveja blanca de peluche ya no la acompañaba porque quedó muda para siempre debajo de una almohada.

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