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martes, 4 de diciembre de 2012

LUNA DE JUVENTUD

Bernardo Benjui tenía el pelo rubio, rizado, su cuerpo rotundo, blando, de ojos verdes, sonrisa tímida pero seductora; conoció a Mireia  una noche azul en un club absorbido por las luces de neón donde tocaba con alegría aquellos ruidosos platillos que formaban parte de la orquesta juvenil.
Mireia, alta, risueña, inexperta en casi todas las cuestiones sociales nocturnas, le miró a los ojos, nada más entrar, y se preguntó: ¿Me gustan los chicos de ojos claros?...
Siempre había soñado con un hombre de ojos oscuros y Bernardo era rubio... pero tenía aquella sonrisa que la cautivó profundamente.
Bailaron, se apretaron, se olieron, y los besos  robados, así sin más... el sabor de aquellos momentos quedaron para siempre en el corazón de Mireia.
Bernardo ya no tocaba los platillos. Su recuerdo era como un baño de agua bendita para Mireia. Se buscaron como pétalos perdidos, deshojados. No se volvieron a ver.
Las lunas de  juventud, las noches azules, las orquestas, fueron diferentes para ellos. 

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