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domingo, 9 de diciembre de 2012

CÁNDIDA


María Cándida Paula Anunciata de las Estrellas Vram Santos, haría honor al significado de cada nombre que su tía abuela había casi exigido ponerle por haber pertenecido a otras mujeres de la familia.
El dilema vino cuando hubo que decidir con cual de los nombres sería llamada. La decisión de su madre fue que la llamaría Anunciata porque podría utilizar diminutivos como Anun, Nunci, Anunciatita y porque desde el vientre la recién nacida le estuvo transmitiendo cosas como que trabajara más la intuición, que paseara por los palmerales que había cerca de la costa, que mirara al cielo en los días nublados para recibir indicaciones de los ángeles que le aconsejarían como planificar su vida.
Anunciata no era una niña tranquila, lloraba explosivamente cuando no eran los brazos de su madre los que la sostenían.
Un día alguien quiso acariciarla y Anun abrió la boca, apretó con sus encías fuertemente hacia adentro, severamente y una loncha de piel se le quedó entre las comisuras de los labios... La tia abuela quedó espantada y decidió hacer la promesa de caminar descalza durante una semana, a ver si con ese sacrificio, los ángeles devolvían a Anunciata la dulzura de un bebé.
La madre, quedó muy preocupada, desde aquel suceso, algunos vecinos dejaron de saludarla y nadie quería ser contratada para ayudar en las tareas domésticas.
Anunciata susurraba a su madre que caminara al amanecer alrededor de las rosas del jardín para que las viera sin espinas y de paso, recogiera algunos pétalos para ponérselos dentro de los zapatos, eso le daría una fragancia inusual a toda su piel y le facilitaría el camino a seguir en la vida.
La madre de Anunciata era joven, tímida pero resuelta en sus decisiones, aunque por momentos se sentía desconcertada... Con su primera hija, había una unión profunda, sensible, llena de luz, pero nunca imaginó que una recién nacida podría leer los pensamientos o aconsejarla.
Una mañana, mientras Anun estaba siendo amamantada, la madre vio deslizarse desde su boca de bebé, pequeñas estrellas que se quedaban adheridas a su pecho, ambas, se dieron cuenta casi al mismo tiempo del acontecimiento, la niña, dejó de succionar, levantó los ojos y lamió las estrellas del pecho materno. Más tarde supieron que las estrellas significaban otra vida en el vientre.
   

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