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miércoles, 14 de septiembre de 2011

FRUTA MADURA


Katarina Panambá abrió los ojos a la vida en medio de la grandiosidad de las tierras del sur, sus ancestros pertenecían al frio de los dos extremos del mundo. Sus ojos negros, profundos, azabache, carbón, como un cielo de invierno envuelto en nubes nocturnas, su piel blanca-rojiza, daban cuenta del origen musical de su nombre y de la raíz profunda y firme de su apellido.
Los contrastes físicos de Katarina hacían que la gente se equivocara al definirla...
¿Cómo es Katarina?, ¿Qué hace Katarina?, ¿Qué piensa Katarina?.
Katarina es simple, directa, conserva esas cualidades que todos tenemos a la hora de nacer.
Katarina corre veloz persiguiendo al viento helado y tramposo.
Katarina piensa que la alegría de vivir la acompañará siempre porque sus padres la concibieron al son de un villancico con música pegadiza y letra en latín.
Katarina es sensible y robusta como las cuerdas del arpa, le gusta contonearse entre los pastizales siempre húmedos.
Cierto dia, al pasar por un destacamento militar, vió en la entrada, colgada en la pared, una enorme fotografía de sandías, papayos y melones cortados en forma vertical, luciendo la madurez de sus colores que resultaban extravagantes y apetecibles. Le pareció extraño; luego supo que semejante fotografía con la inscripción "Bienvenidos", había sido una decisión unánime de los soldados que querían demostrar su amor a la patria.
Katarina se sintió hurgada en toda su intimidad al ver aquella fotografía inmensa que observó durante largos minutos. Su piel se cubrió de brillos multicolor y aroma a madreselva; así se mantuvo, quieta, con los ojos entreabiertos, aprendiendo las nuevas sensaciones, las primeras...
Katarina Panambá sentía el ritmo insistente de la tierra profunda en su pecho, en sus muslos, hasta sus oidos llegaban susurros musicales, inquietantes, desconocidos; susurros calientes, frios, sinceros, tramposos...
Katarina atravesó la puerta, quiso saber más...

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