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miércoles, 24 de agosto de 2011

BUENA SEMILLA



Casilda Fuentealta llegó a a Bosquegrande a bordo del "Atalaya Azul", un barco enorme construido artesanalmente por los nativos del lugar, que habían logrado hacer notorio su arte después de muchos siglos de silencio obligado.
El Atalaya, como ya le llamaban, estaba hecho de tal forma que parecía tener alas, finamente diseñado. Toda la tripulación había participado de una u otra manera en su construcción. Casilda también se sentía partícipe aunque sus ancestros no pertenecieran a Bosquegrande, pero había sido la primera en comprar un pasaje. No viajaba sola, sino que llevaba consigo su fortuna, a sus hijos, que habían vuelto a darle vida a su vida, después de haberlos perdido por imposición, por la estafa de un imperativo legal que escondía la crueldad humana hecha de promesas rotas, de asedios, de venganzas...
Casilda poseía la belleza y la naturalidad del amor que siempre la había distinguido de los demás.
En Bosquegrande no pretendía recuperar el tiempo perdido porque como ella decía el tiempo se vive, sea bueno o sea malo... los años robados... no quería vendar el pasado lleno de heridas... Ansiaba vivir el alumbramiento de cada uno de sus hijos, despacio, como cuando se planta un grano de mostaza y va creciendo hasta convertirse en un árbol donde las aves comen y anidan llenas de amor.
A Casilda Fuentealta no le dio tiempo a ver, a oler, a sentir la energía del árbol, pero hizo algo más grande y poderoso, plantó la buena semilla.

martes, 16 de agosto de 2011

CARÁCTER


Adelfa Casares sigue preguntándose cómo la ven los demás.
Algunos le han dicho que tiene un carácter de mierda. Si, así mismo. Pero ella no se enfada. No sabe si es verdad o no. Tal vez Adelfa, tiene ese carácter hecho de miedos, formado sin apenas ayuda para saber diferenciar los por qué si, y los por qué no, de la vida.
Es impaciente, también irónica, sobre todo cuando la gente utiliza artilugios verbales infames para escusarse con poca imaginación o para no decir la verdad con naturalidad...
Hay quien le ha preguntado qué es un artilugio verbal infame y ella puso como ejemplo, una frase que decía el protagonista de una novela -lo he matado, dispenseme-
Aquella palabra, adornando a la muerte, asi, sin más, por sorpresa, significaba para Adelfa la infamia total, hasta el punto que no pudo seguir leyendo más allá...
A pesar de esta anécdota, la lectura ha expandido su intuición natural, la ha vuelto una observadora minuciosa de los "adentros" de las personas, incluso por fotografías... Entiende de gestos, de sonrisas, de miradas, del tono de una voz al teléfono...
Adelfa Casares, llora y rie con facilidad. No sabe muy bien si es cariñosa, pero le gusta dar abrazos, sentir que se ilumina su Ser.
Algunos, o quizás muchos quedan perplejos ante su espontaneidad mirando de reojo la libertad de su actitud cruda, rasa, sorprendidos o asombrados, risueños o disgustados comprobando su personalidad, o gesticulando un silencio hondo...

lunes, 1 de agosto de 2011

BELLEZA

A Tamara Jardín la llaman asi porque es en su casa donde existe el único jardín de esa ciudad fria, gris y ventosa, adonde Tamara llegó cuando la juventud empezaba a esquivar a la madurez. Tamara tiene la risa fuerte, todos saben que es ella cuando se rie aunque no le vean la cara.
Le gustan los colores alegres, a veces estridentes y siente apego por la música a buen volumen, por eso los vecinos creen que su jardín es hermoso, los árboles y las flores crecen con esa energía musical mezclada con la risa de Tamara enfrentando al viento helado que pretende lastimar la sensibilidad de la naturaleza.
Tamara Jardín tiene ansiedad por descubrir cosas a cada instante, por eso decidió crear el más bello espacio de toda la comarca. Solamente la grandiosidad de la Madre Tierra, le podía ofrecer ese privilegio y quizás hasta el sol quedaría cautivado...
Tamara parece superficial, pero no lo es, no sabría vivir sin la elegancia, sin la bondad, sin la armonía de la belleza, sin los alicientes de esa dulce burbuja que es también felicidad...
Cuando era niña, cuatro o cinco años, su piel bebía a escondidas los perfumes de su madre dejando intensa huella en el aire, y es que Tamara siempre utilizó la belleza para llamar la atención, por eso algunos creen que es un rasgo de su ego.
Dialogar con la belleza le sirve para emanciparse de las heridas... Dios también es belleza y Tamara Jardín cree en Dios.