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domingo, 17 de julio de 2011

LA VUELTA

Juvenalia Amor, necesitaba volver a la ciudad en la que nació, así que una mañana despertó muy temprano y salió de casa sin apenas equipaje, solo la ansiedad por volver y algunos sobres de colores donde había guardado el dinero que tenía.
Le gustaba dedicar un color a cada asunto que tenía que ver con el "Don", don dinero.
En el rojo ponía la platita para pagar las deudas, Juvenalia le llamaba el color de la devolución.
En el sobre de la generosidad, el verde, guardaba para las ayudas.
En el azul-celeste, el color del infinito, ponía el dinero que otros le confiaban ella lo consideraba el de la honestidad, porque como le habían enseñado desde chica, al cielo iba todo lo bueno.
El amarillo lo llamaba el color del destino, porque en ese ponía el dinero que servía para adornar la despensa y se notaba lo bien que Juvenalia administraba la publicidad de la televisión y también porque era el color del oro.
En el sobre blanco, guardaba las conclusiones, es decir el ahorro, por eso lo había elegido blanco, el de la limpieza, sin mancha, y es que para muchas cosas Juvenalia Amor se dejaba llevar por las tradiciones, por esas cuestiones que nunca cambian.
Para hacer este viaje, ella necesitaba a "Don", asi que no se preocupó ni por la ropa, ni por los regalos.
Cuando llegó a la estación, un gran autobús amarillo y azul-morado, de esos que llevan en sus laterales publicidad medio engañosa, estaba ya preparado, listo para salir con Juvenalia como pasajera. El trayecto iba a ser largo, pero a ella siempre le gustaron esos viajes en los que el paisaje le sorprendía a cada instante.
La noche llegó cautelosa, el autobús avanzaba mas despacio, las luces del
primer pueblo se divisaban aún lejanas, Juvenalia bajó los párpados y suspiró hondamente. La vuelta a su ciudad le emocionaba de maneras diferentes, y hasta sentía rabia por no haberlo decidido antes.
En la madrugada despertó, midiendo a tientas el espacio de su butaca, miró por la ventana del autobús, las estrellas lucían como diamantes sin la intromisión del alumbrado artificial..., prefirió calcular la hora, era verano, pronto amanecería...
Al mediodía el sol conducía con fiereza sus rayos sobre la tierra desprotegida, formando espejos polvorientos.
La vuelta de Juvenalia Amor era ya realidad, verdad...

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